Antes de convertirse en lámpara, cada pieza comienza como una idea, una forma que poco a poco encuentra su lugar sobre el papel. El boceto nace, se transforma y se afina hasta revelar su carácter.
Después, esa primera intuición toma volumen en una pequeña maqueta. Moldeada para ser observada en el espacio, permite descubrir cómo la forma se relaciona con la luz, la materia y el entorno antes de convertirse en una pieza real.
Los periódicos llegan de una biblioteca cercana a la Sagrada Familia. Una vez recogidos, el papel se rompe, se sumerge en agua y poco a poco se transforma en una pulpa suave y ligera de fibra de celulosa.
Mezclada con un adhesivo de celulosa de base acuosa, esta materia se convierte en el punto de partida de cada pieza. Un proceso lento y sencillo que transforma lo que ya no se necesita en una nueva materia, devolviendo al papel una segunda vida.
Cada pieza comienza con una forma modelada en arcilla, que después se transforma en un molde de escayola. Sobre él, la pulpa de fibra de celulosa se extiende y se adapta poco a poco a sus contornos.
El tiempo hace el resto. Mientras la materia reposa, la forma va tomando cuerpo y cada curva, pliegue y pequeño relieve queda impreso en ella, convirtiendo la pulpa en una nueva pieza.
La pieza necesita su tiempo. Se deja secar lentamente al aire hasta que la materia adquiere la consistencia necesaria para desprenderse del molde y revelar por fin su forma.
Después llega el momento de lijar, suavizar y afinar. Las manos recorren la superficie, respetando sus pequeñas irregularidades y dejando que la textura conserve la huella del proceso.
No buscamos una perfección uniforme, sino algo más cercano y verdadero: una pieza que conserve la materia, el gesto y las pequeñas imperfecciones que la hacen única.
El color nace de pigmentos naturales de origen mineral y pinturas acrílicas, libres de sustancias tóxicas. Se aplica sobre cada superficie de forma individual, dejando que el gesto y la materia encuentren su propio ritmo.
Capa a capa, el color se integra en la pieza y hace que cada una adquiera una tonalidad ligeramente distinta. No busca cubrir la superficie, sino formar parte de ella, como una prolongación de la propia materia.
Por eso, cada acabado es único: pequeñas variaciones de tono que revelan el carácter artesanal de cada pieza.
«Me gusta trabajar con fibra de celulosa porque me permite crear lámparas y objetos que van más allá de su función. Los entiendo como formas escultóricas, piezas que transforman el espacio que habitan y que cambian con la luz a lo largo del día.
Mi formación en Historia del Arte me llevó a interesarme especialmente por la escultura y por la relación que establece con el espacio. Esa mirada está presente en cada pieza: en su forma, en su escala, en la manera en que ocupa un lugar y dialoga con lo que la rodea.»
Para Maria, la relación con la naturaleza no es un aspecto añadido al proceso, sino parte de su manera de crear. Recupera periódicos de una biblioteca cercana y los transforma lentamente en una nueva materia.
Trabaja con adhesivos de celulosa de base acuosa, pigmentos naturales y pinturas acrílicas, todos libres de sustancias tóxicas. Materiales sencillos que permiten crear de una forma más consciente, aprovechando lo que ya existe y generando el mínimo residuo posible.
Cada pieza nace así de una combinación de materia, tiempo y mirada. Un proceso en el que crear también significa cuidar.
Cada pieza nace lentamente y se transforma a través de las manos, por eso ninguna es exactamente igual a otra. En su superficie quedan pequeñas variaciones, cambios sutiles de textura y matices de color que hablan del proceso y del tiempo.
No son imperfecciones que corregir, sino huellas que conservar. Detalles que hacen visible la materia y que convierten cada lámpara en una pieza única, con su propia forma de existir.
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Studio journal
Enviados dos veces al mes, nuestros correos reúnen reflexiones, actualizaciones de inventario y pequeñas miradas al proceso de creación de nuestros proyectos, junto con noticias sobre piezas de estudio con pequeñas imperfecciones. Reflexivos, nunca excesivos.
Con el apoyo del Departamento de Empresa y Trabajo