La superficie irregular y texturizada evoca la tierra agrietada y quemada, característica de paisajes volcánicos o lunares extremos.
Junto a las referencias al mundo natural, otra interpretación sugerente es la comparación poética de estas formas abstractas, casi totémicas, con las huellas de una antigua y misteriosa civilización descubierta por un arqueólogo. Las lámparas se convierten en objetos escultóricos cargados de metáfora: vínculos con un pasado remoto, cuando la conexión con la naturaleza era más cercana, casi tangible.
Estas lámparas—esculturas—tótems fusionan conceptualmente las fuerzas naturales con la artesanía humana. El elemento unificador es la luz: el fuego como fuerza poderosa e indomable capaz de transformar la roca, y la luz como energía domada por el ser humano. Una energía que no solo aporta calor, sino que también genera una sensación de calma y seguridad.
Cada lámpara está hecha artesanalmente con fibra de celulosa y adhesivo a base de agua. La colección está disponible en tono gris.
Edición limitada de 6 piezas, realizadas bajo pedido, con certificado de autenticidad.
Fotografías: Kamila Solarz
Producción: Abril Porta
Vestuario: Olga Boieru